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Preparar el entierro en vida durante 20 años: la historia de Josefa Rego de Guitiriz 

02/09/2017

Josefa Rego era una vecina de Guitiriz que quería un funeral perfecto. Por eso se encargó de preparar cada detalle de él durante 20 años. Falleció a pocos meses de alcanzar la edad de cien años. Y la ceremonia se celebró tal y como ella la había imaginado.

 

Mientras que para algunos pensar en la muerte es algo que asusta, Josefa Rego pensaba que la ceremonia de su funeral debía ser algo único. Algo que hiciese que la recordaran por todo lo vivido. Y no era poco, porque murió a apenas unos meses de alcanzar el siglo de vida. Los que la conocían la describen como una persona entrañable. Y aunque se preocupó de organizar los detalles de su sepelio no estaba obsesionada con la muerte. Ni tampoco había nada macabro tras su preocupación. Ella lo entendía como una despedida y como una celebración hacia lo que está más allá de este mundo.

 

Tener un ataúd en casa: así se prepara un funeral con 20 años de antelación


Julio Díaz formó -aunque sin querer en un principio- parte de la historia curiosa de Josefa Rego. Hace unos 20 años él ya se dedicaba a la hostelería, aunque tenía pasado como carpintero. La amistad que lo unía a la protagonista fue el punto de partida para la que probablemente fue la petición más asombrosa de su vida. Josefa Rego quería un ataúd. Y lo quería para cuando le llegase la hora de despedirse para siempre.

Al principio, el que fuera carpintero se negó. Luego, todos esos años de amistad y las largas charlas con la protagonista de esta historia le hicieron cambiar de idea. “Hacía su vida aquí, tenía la ilusión del ataúd…” -dijo Julio preguntado por la prensa en el entierro de Josefa. Al final, se eligió una madera de castaño, y se construyó sin ninguna prisa. Cuando estaba terminado, la mujer lo llevó para su casa. Incluso se hizo pruebas para ver cómo se vería en él.

La historia de Josefa es muy particular. Sin embargo, nos demuestra que se puede vivir el fin de la vida de muchos modos. Al fin y al cabo, negar lo que es un hecho por el que todos debemos pasar no parece la opción más lógica. Tampoco la más saludable. Ella tenía claro que ese último día de su vida quería planificarlo. Quería que fuese único para todos, pero sobre todo, para ella. Y lo consiguió.

 

Olvidarse del miedo a la muerte

 

Generalmente la muerte produce miedo. De hecho, son muchas las personas que evitan hablar de ella, incluso pensar en ella. Sin embargo, esto puede ser contraproducente para nuestra salud. Algunos estudios han demostrado que terapias como los death talk (enlace a contenido anterior) pueden ser muy positivos para nuestro bienestar físico y mental. Por tanto, aunque la historia de Josefa Rego puede parecer sorprendente, e incluso poner los pelos de punta, puede que nos demuestre que a veces, luchando con convicción contra los tabúes nos hacemos un bien a nosotros mismos.

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