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La responsabilidad de acompañar los primeros momentos del duelo infantil

09/06/2017

La pérdida de un ser querido es una situación dolorosa y compleja a la que todos tenemos que enfrentarnos tarde o temprano. Las sensaciones y las emociones se agolpan en un proceso de duelo para el que no hay manuales referenciales ni recetas universales: algunos consejos y recomendaciones pueden ser muy útiles, pero cada persona afronta el escarpado camino de un modo distinto y único, con una brújula imantada por sus propios recuerdos, asuntos pendientes… y también esperanza de futuro.

 

«Niños que no les llevaron a la despedida tienen como una espinita dentro, se preguntan por qué no se lo contaron, ni le dejaron verlo»

 

Si entender y asimilar la muerte es difícil para cualquier persona, explicar a un niño su significado, hacerle comprender que forma pareja indisoluble con la vida, se torna especialmente complicado. Miedo, tristeza, inseguridad… los niños se sienten perdidos ante una situación que no entienden. Y que los adultos de su alrededor tampoco saben manejar. Muchas dudas para las que el Foro ABC sobre herramientas de gestión del duelo en menores, patrocinado por la empresa de servicios funerarios Grupo Albia, trató el pasado martes de encontrar algunas respuestas, recursos para tratar de escalar ese Everest emocional que supone superar un adiós. Y para reflexionar sobre el papel que las empresas de servicios funerarios deben asumir en el comienzo de este proceso. En el debate participaron el periodista Jesús Álvarez, que sufrió en su infancia la pérdida de sus padres; el psicólogo y profesor de la Universidad Complutense Guillermo Fouce; el director comercial y de Marketing del Grupo Albia, Daniel Palacios, y la responsable de Marketing de esa misma empresa de servicios funerarios, Raquel Blanco.

 

Normalización

Precisamente, en el encuentro se puso en evidencia la preocupación de este sector por mejorar sus servicios en el acompañamiento a las familias durante esos difíciles momentos. Un trance, el duelo, que también ha evolucionado con los años. Como destacó Jesús Álvarez, hoy día «los tanatorios han contribuido un poco a normalizar la muerte. Han venido a desdramatizar esta situación. Es mejor que la persona que ha desaparecido esté en el tanatorio que en casa. Es como más natural». Estos centros de servicios funerarios tienden a ser cada vez más grandes y luminosos en un esfuerzo por crear ambientes más acogedores para las familias.

 

«La muerte es un asunto que se va viendo en el día a día, en el entorno.Lo importante es saber que de esto se sale y que con esto se crece»

 

Además, empresas como Grupo Albia están desarrollando diferentes iniciativas, como parte del servicio que Grupo Albia quiere ofrecer a las familias por su preocupación más allá de lo que es el servicio funerario en sí y para concienciar a la sociedad sobre la necesidad de afrontar el último adiós de una forma más reparadora y normalizada. Por ejemplo, a través de la exposición «Las mil caras del luto», que hace un repaso fotográfico a tradiciones de las distintas culturas funerarias. O con el documental «Hoy tengo la edad de mi padre», donde varios personajes relatan la experiencia que vivieron de niños al perder a un ser querido. Cuentan sus recuerdos inocentes y su visión sosegada tras el paso de los años, para ayudar a entender la trascendencia del duelo en la infancia y la adolescencia.Un asunto vetado por la propia sociedad, como explicó Daniel Palacios, director comercial y de marketing de Grupo Albia. «Hay una resistencia a hablar de la muerte en general, pero es un asunto tabú cuando se trata de niños», afirmó. Y eso que la muerte no escapa de la retina de cualquier menor, porque «está en los videojuegos, en telediarios, en la televisión…», comentó. Es algo presente en el día a día del niño. Pero quizás por un instinto de sobreprotección, pocas veces se le explica con claridad, sin recurrir a las metáforas o a «historias de corte fantástico», lo que significa e implica esa muerte.

 

Pero los más pequeños perciben todo lo que ocurre a su alrededor. Y la muerte también. Por eso el profesor de la Universidad Complutense Guillermo Fouce advirtió de la necesidad de no abandonar a los niños a su soledad. «Saben perfectamente lo que está pasando. Hay que trabajar con ellos la pérdida. El niño tiene que vivir esas emociones. Para ello siempre se pueden adaptar espacios donde pintar, jugar… Es a través de estas actividades como exterioriza lo que siente. Y la gente no debe tener miedo, debe vivirlo con el niño y el niño debe verlo como algo normal, porque la muerte forma parte del proceso de la vida. Deberíamos dar una vuelta a cómo pensamos en la muerte en nuestra sociedad y cada uno de nosotros».

 

«En la sociedad española hay una resistencia a hablar de la muerte, pero es un asunto tabú cuando se relaciona con niños»

 

Una de los temas que se puso sobre la mesa fue las dudas que siempre asaltan a los padres a la hora de hacer partícipes, o no, a los niños de los ritos funerarios. En este punto, Raquel Blanco, responsable de Marketing de Grupo Albia, explicó las frustraciones que en este sentido han vivido algunas personas. «Niños que no les llevaron a la despedida sienten que se les ha quedado como una espinita dentro, se pregunta por qué no se lo contaron, por qué no les llevaron a verlo… Tendemos a sobreprotegerlos. Creo que deberíamos explicar al niño qué va a ver si va al tanatorio, que habrá mucha gente, amigos familiares; que va encontrar gente llorando… así no da lugar a la imaginación».Una opinión compartida por Jesús Álvarez: «Hay que desmitificar esa tendencia que existe de no ver al fallecido para que te quede el recuerdo de cuando estaba vivo». Es una de las preocupaciones de Grupo Albia: cómo recibir al niño en un tanatorio. «Lo que nos planteamos ahora es si estamos preparados para recibir a familias con sus hijos», dijo Palacios.Si bien los niños pueden participar de ciertos ritos que les ayudan a superar la pérdida, no deben asumir otros, algunos poco a poco en desuso y que recordó Álvarez: «Los mecanismos de defensa de un niño y un adulto son distintos. El niño tiene más imaginación, inquietudes… enseguida está con los amigos. Necesita seguir haciendo su vida. Tiene el impacto del momento, pero no se le puede condenar a no ver la tele, o a hacer luto de otra manera».

 

Los últimos momentos

La pérdida de un ser querido muchas veces llega de repente, sin previo aviso y sin estar preparado para ello. «Siempre piensas que le va a ocurrir a otro», comentó el periodista. «La muerte es un asunto que se va viendo en el día a día, en el entorno», afirmó. La situación puede cambiar cuando se trata de una larga enfermedad. «Entonces sí puedes preparar y situar al niño, eso va a facilitar mucho el duelo», recomendó el psicólogo.

 

«Los niños saben perfectamente lo que pasa a su alrededor. Hay que trabajar con ellos la pérdida y tienen que vivir esas emociones»

 

En cualquier caso nunca está de más saber gestionar episodios tan amargos. «En la vida vas perdiendo cosas y la idea es ver cómo te enfrentas a la pérdida. Si aprendes a gestionar la pérdida vas a ser mejor persona. Los niños se hacen más fuertes», explicó Fouce. «Con 16 años te das cuenta que estás solo en la vida. Te das cuenta de que lo que hagas por ti mismo es lo que vas a vivir y tener», aseguró Álvarez. «El mensaje es que de esto se sale y con esto se crece», concluyó el periodista.

 

La importancia de expresar las emociones

Existen herramientas que pueden ayudar a un adulto a que un niño exprese sus emociones ante la pérdida de un ser querido. El dibujo y el juego son actividades en las que los más pequeños muestran lo que sienten. La música sirve también a los adolescentes a canalizar sus sentimientos. No obstante, existen necesidades vitales: estar siempre acompañado, el entorno, la familia, los amigos… son resortes para salir adelante. Sin presionar, sencillamente estando cerca y al lado del menor. El psicólogo Guillermo Fouce destacó lo importante que es en el proceso del duelo para niños y adolescentes sentirse acompañado: «El niño va a buscar los recursos donde sea y va a construir el proceso a su manera. Por eso es importante que le acompañe un adulto, y la comunicación».

 

Fuente: ABC

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